49. La iba a perder
Lágrimas calientes se derramaban por las mejillas de Gala sin control.
Las palabras de su propia hermana calando dentro de su ser, llegando a lo más profundo de ella, destrozándola vértebra por vértebra, pero nada fue tan doloroso cuando miró a Ramsés, con la vista empañada y el corazón en la mano, y le preguntó con ingenua valentía:
— ¿Es… verdad? — su voz temblaba.
Ramsés, temblando de impotencia, la miró descompuesto.
— Gala, mi amor… — pero las palabras no salieron de su boca, y aunque hubie