Horas más tarde, los invitados se retiraron de la majestuosa mansión, dejando a los recién casados y al señor Emir, quien se encontraba visiblemente ebrio tras haber bebido en exceso. Enzo se encargó de llevar a su padre a su habitación, a pesar de la resistencia que este mostraba para seguir bebiendo. Con determinación, Enzo se negó a permitir que su padre continuara consumiendo alcohol, ya que no era una persona dada a este hábito a menos que la ocasión lo ameritara.
Para Emir, ver a su hijo