A medida que la noche avanzaba, ambos continuaron durmiendo en esa posición incómoda pero reconfortante. El amanecer asomó por las ventanas, iluminando la habitación con una luz tenue y cálida. Entre sueños, Celine sintió el movimiento de Enzo a su lado y, con su mano aún apoyada en su abdomen, se acomodó más cerca de él. Sin darse cuenta de lo que hacía, buscaba inconscientemente su calor, su protección. Fue entonces cuando Enzo despertó lentamente, sintiendo el suave roce de los cabellos de C