188. EL GRAN SUSTO

Salió de Ast porque, de veras, aguantar como lo hizo terminó robando la poca energía de que disponía. Se abrazó a Ast y se quedó dormido al instante. Sintió una lengua pasar por su cara. Abrió los ojos y vio a Ast mirándolo fijamente. Se sobresaltó.

— ¿Ast? —preguntó, temiendo que fuese Isis.

— Sí, mi Alfa —respondió la loba, moviendo suavemente sus orejas en se&
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