Por la mañana.
Lucía descendió del vehículo de Henry, y tomó su mano para salir. Subieron por el ascensor a la lujosa torre de apartamentos donde la doctora vivía. Antes de que ella abriera, Henry la detuvo y movió su cabeza, negando.
Desenfundó su arma y la sostuvo con ambas manos, comenzó a caminar con sigilo, para revisar cada rincón de su moderno piso. Cuando se dio cuenta de que todo estaba bajo control, le permitió su ingreso.
—No hay peligro —expresó.
Lucia resopló con tranquilidad, c