—Por favor, no permitas que nada malo le pase a mi mamá. —Ivy clamó estando de arrodillada en su habitación, recargando sus codos sobre su cama—, haz que vuelva con nosotros, te lo suplico querido Dios, mi mami siempre me ha dicho que tú todo lo puedes. —Limpió con el dorso de su mano, el cúmulo de lágrimas que picaban sus ojitos. —Ahora te toca a ti —dijo a su papá, quien estaba arrodillado a su lado.
William pasó saliva con dificultad, ante la solicitud de su hija y se quedó sin decir nada.
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