Valentina encontró el nombre a las dos y cuarto de la mañana, y lo que hizo fue cerrar la laptop.
No lo anotó. No lo marcó en ningún documento. Lo dejó ahí, en la oscuridad de la pantalla apagada, como algo que todavía no estaba lista para sostener con ambas manos. Fue a la cocina, bebió agua de pie frente al fregadero, y cuando volvió al pasillo notó que la luz del cuarto de huéspedes estaba apagada. Andrés dormía. Eso, por alguna razón que no quiso analizar, le resultó irritante.
Por la mañan