—Te ves preciosa —dice mamá mientras me pruebo el quinto vestido de novia.
Creí que a estas alturas, ya tendría rastros de mi memoria o en su defecto, el corazón lo sentiría desbocado por Oliver, pero no es así. El vestido que tengo puesto es hermoso, es perfecto, tono crema y corte princesa, sin manga y con escote moderado.
Mis dedos recorren con una extraña añoranza, el delicado diseño del encaje principal.
—No estoy segura de que sea el indicado —respondo a mi madre, quien no hace, sino to