CAPÍTULO 112 — Más preguntas que respuestas
Alejandro manejó sin rumbo durante un largo rato. No sabía si lo impulsaba la rabia, la confusión o ese dolor punzante que le había dejado la conversación con Isabella. Solamente conducía, con los ojos fijos en la calle, mientras su mente volvía una y otra vez a lo mismo: la palabra “divorcio” resonando en su cabeza como un eco imposible de acallar.
Hasta que el auto se detuvo frente a un semáforo en rojo. Ese instante de quietud lo golpeó con fuerza.