Su cuerpo cayó como un árbol talado y se desplomó sobre el mío, haciéndonos caer al suelo.
- ¡Ay!- mi espalda y cabeza chocaron dolorosamente contra el piso y mi pecho se quejó por el peso extra- ¡Levántate!- le grité, pero sus brazos se plantaron a cada lado de mi cabeza y su cuerpo solo se elevó lo suficiente como para verme a la cara.
- ¿Cómo te atreves a hacerme esto? Tú... ¿tienes el valor de darme la espalda y pretender que nada ha pasado? ¿Realmente piensas olvidarme?- su lengua se enred