¿Ese sería el fin? El zumbido en sus oídos lo hacía escuchar las cosas más lejos de lo que en verdad estaban.
—¡Bajen sus armas! —ordenó el comandante, pero nadie parecía estar dispuesto a hacerle caso.
Forjes corrió hacia la salida, disparando sin miramientos. Tiodor se levantó del suelo y, recordó haber recibido innumerables heridas de bala en el pasado, así que le restó importancia y se arrastró lo más rápido que pudo hacia Libia. Se puso encima de ella, fungiendo tal escudo humano, y sintió