—¿¡Qué es lo que quieres!?, ¿qué pretendes? —demandó una respuesta.
Forjes atinó el siguiente golpe, más fuerte que el anterior, para luego masajear su mano.
—¿¡Qué esperas de todo esto!? —preguntó de nuevoTiodor, sin poder zafarse de los tipos que le impedían acercarse a él.
—De rodillas, puta. —Él ignoró a Lison, y con una sonrisa torcida, observó como la joven obedecía sus órdenes.
—Aquí estoy, Forjes, quieres entretenerte, aquí me tienes. Deja que la estúpida chica se vaya.
Libia tiritaba en