Tres años después.
Tiodor se encontraba sentado en la silla, examinando los documentos acerca de su proyecto de colaboración.
Sarah le recordó de la cita que su hermano, Marco, había pedido dos semanas antes.
«¿Qué querrá este imbécil?», se preguntó.
Soltó un suspiro y regresó al trabajo.
Una notificación lo hizo agarrar el móvil. Cerró los ojos negando con la cabeza, dejó el celular en el escritorio y siguió con sus tareas importantes.
Se involucró en las innumerables dosis de material que requeriría, costos,