28. “El entrenamiento”
Lo primero que hago es pedir una cita con el médico de la prisión. Le comento sobre mi problema cardíaco, me realiza unos estudios nuevos y, me receta un nuevo medicamento, no tan bueno a como el que estaba tomando, pero, al menos tendría la esperanza de que el daño de mi corazón no siguiera.
Ahora me encontraba en el enorme patio de la prisión al lado de Ángela, quien sostenía el saco de boxeo para que yo pudiera golpearlo. Mis nudillos dolían, estaban reventados, pero, aún así no me detenía,