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Durante los días siguientes, la casa se va vaciando. Primero Bea y Mattin nos dejan, y se van subidos a su flamante coche nuevo. Abandonan la casa cogidos de la mano, con radiantes sonrisas, y haciéndose gestos de cariño, y por un breve instante, siento un poco de envidia de mi amiga. No es que no me alegre de verla tan feliz, pero si que siento una punzada cruzándome el vientre, porque cuando la miro, y los veo así de felices, desearía tener parte de la felicidad q







