Tan pronto como la puerta se cerró, la falsa dulzura de Theo desapareció.
Su agarre se apretó y sus ojos se oscurecieron.
Se había ido el hombre que pretendía ser un novio cariñoso.
Ahora, él era solo Theo, el monstruo despiadado y controlador que conocía demasiado bien.
Sin decir una palabra, empezó a tirar de mi ropa. Luché, mis manos agarrando sus muñecas, pero fue inútil. Era demasiado fuerte.
"No pelees conmigo, Sofía", dijo, su voz baja y firme. "Sabes que solo empeora las cosas".
Mi resp