La oficina personal del Dr. Mordred era un espacio austero y sombrío, con escasos elementos decorativos. Al adentrarse, Noah sintió una densa atmósfera que casi parecía absorber la luz, como si su dueño disfrutara de los ambientes sombríos y oscuros.
El brillante médico que seguía trabajando para él, con su mirada penetrante y semblante imperturbable, lo recibió sin una pizca de emoción en su rostro.
—Señor Cobain —dijo el doctor Mordred con voz grave, apenas levantando la mirada de los docume