Areliz tenía un mal presentimiento, un muy mal presentimiento desde el día de ayer, desde su encuentro con Agatha y Noah en uno de los jardines de su exageradamente bella clínica.
No podía explicar este mal presentimiento, simplemente lo sentía.
De hecho, Noah ni siquiera se había aparecido ayer para darle su malteada del día, y ella no había tenido ganas ni de reclamarle. De hecho, de lo que no tenía ganas era de verlo.
Fue a la clínica a trabajar normalmente luego de dejar a su hijo con