Areliz tenía ante ella la desagradable visita de su ex suegro, el mismísimo señor Nelson Cobain, quien hace no mucho había estado incluso acosandola en su trabajo, y ahora tenía el descaro de presentarse a su puerta y pedirle entrar como si tuviera todo el derecho del mundo, como si ella no fuera capaz de notar el desagrado con el que la miraba y sus obvios aires de superioridad, sus obvios deseos de intimidarla y destruirla.
Noah ya le había dicho, a través de una llamada telefónica, que su pa