El cuerpo escultural de Marcelo desnudo deleita mi vista. Él se pavonea completamente seguro de sus atributos. Mirar el tamaño de su miembro 3r3cto hace que mi garganta se cierre y que mi boca comience a salivar.
Un escalofrío se apodera de mi estómago y un calor conocido recorre mi entrepierna. No puedo mirarle la cara, la vista se me va constantemente a la “V” de su abdomen y de ahí más abajo. Detallo con morbo su p3n3 que palpita al antojo del italiano.
Su grosor es exquisito y hace que mi v