Amaya Bezos
Aún no me podía creer lo que acababa de suceder. Pero sin más remedio que seguir a la tal Rosso, me acomode la ropa lo más prolijamente posible, recogí mi chaqueta del piso a donde Marcelo la había lanzado y me dispuse a andar. Fui conducida a una habitación de la segunda planta de la vivienda.
Tengo que reconocer que no estaba mal, era lujosa y bonita.
Ella me mostró los detalles de la estancia sin mucha ceremonia y sin esbozar a penas media sonrisa, parecía un robot. Cuando la