Sus palabras me golpearon como algo físico, hundiéndose en mi pecho. Mi estómago dio un extraño vuelco —mitad irritación, mitad… bueno, ni siquiera quería terminar ese pensamiento. Tenía la garganta un poco seca y odiaba no tener una respuesta ingeniosa preparada. Peor aún, odiaba que probablemente pudiera ver el rubor en mis mejillas.
Dio un paso más cerca, y fue como si el armario se encogiera a nuestro alrededor. Su aroma me envolvió: jabón limpio, algo afilado como colonia y un calor subyac