Punto de vista de Luna
Después de lo que ese bastardo me prometió, igual dormí en el sótano.
Toda la noche encadenada a esa silla. El sostén ya no estaba y el aire frío me golpeaba los pezones, poniéndolos más duros.
Todo el cuerpo me dolía.
Doliendo tanto que me recordaba el dolor que me habían causado seis años atrás.
Bajé la cabeza para oler mi propio cuerpo y casi vomito. Olía a sangre, sudor y miedo. Cuando por fin llegó otra vez la mañana, la puerta se abrió.
Dante entró con dos