Sus caricias eran más rápidas, más bruscas, su puño deslizándose húmedamente a lo largo de su polla, sus abdominales flexionándose con cada movimiento. Sus caderas se sacudían hacia adelante, salpicando el agua a su alrededor, y su mandíbula se apretó mientras gruñidos profundos y crudos salían de su boca. Era hermoso y aterrador, sus ojos dorados entrecerrados, sus músculos brillando bajo la luz de la luna mientras su mano trabajaba sobre sí mismo sin piedad.
La visión de él así —el poder crud