Mi respiración se entrecortó con tanta violencia que tuve que taparme la boca con una mano. Todo mi cuerpo se congeló, pero mis ojos… mis ojos se negaban a cerrarse.
Se acariciaba lentamente, su agarre firme, su mano moviéndose en tirones largos y constantes. La visión hizo que mis entrañas se retorcieran, mi piel ardiendo con un calor que se extendía desde mi pecho hasta abajo. Sabía que no debería estar viendo esto. Sabía que estaba mal. Pero los dioses me ayuden… no podía apartar la mirada.