Patrick
Mantengo la sonrisa hasta que la puerta se cierra.
Hasta que los guardias de la frontera se quedan al otro lado.
Hasta que el sonido de los pasos en el pasillo se aleja.
Solo entonces dejo que la máscara caiga.
—No lo puedo creer —escupo, arrancándome los guantes con un tirón brusco y arrojándolos contra la mesa—. ¿Quién demonios se cree ese tipo para hablarme de esa forma?
La habitación es amplia, elegante, demasiado limpia. El castillo entero huele a poder consolidado. A dominio