123. Capaz de todo
Alaric
El ruido de la manada tarda en disiparse.
Aunque las puertas ya se han cerrado y las sombras de Ismael han escoltado a los del Lirio Blanco fuera de nuestros límites, el eco de su presencia sigue flotando en el aire, como un residuo invisible que se niega a desaparecer. No es solo la tensión de lo que ocurrió en la sala. Es algo más profundo. Algo que se ha quedado instalado bajo la piel de todos los que estuvimos ahí.
Y en la mía… arde.
No digo nada mientras avanzamos hacia el estudio.