122. Por tu propio bien
Alaric
—El que mueve todo… es alguien mucho más cercano a la luna prohibida de lo que pueden imaginar.
Las palabras quedan suspendidas en el aire como una daga invisible.
No reacciono de inmediato.
No porque no lo haya escuchado, sino porque me obligo a no hacerlo. Porque reaccionar sería darles exactamente lo que están buscando: una grieta. Una señal. Una mínima confirmación de que han tocado algo real.
Mi mente se mueve rápido, demasiado rápido. Analizo cada sílaba, cada inflexión en su voz,