102. Mi cachorra
Lyra
—De hecho… cachorra… creo que sí hay algo más que deberías saber.
Cruzo los brazos.
—Tengo la sospecha de que esto no me va a gustar nada.
Él sonríe lentamente.
—Claro que te va a gustar. A ti te gusta todo lo que yo hago.
Resoplo.
—Habla de una vez, Alaric.
Él se inclina ligeramente hacia mí.
—Puede que eso de que seas una loba sin aroma… no sea del todo cierto.
Parpadeo.
—Eso es imposible. Nadie ha podido olerme jamás.
Sus ojos se clavan en los míos.
—Eso es porque tú estás hecha para mí