Caffè Verona a las nueve.
Nadia llegó primero. Kai estaba sentado a su lado; aún llevaba puesto el abrigo. Se veía muy alerta, como si estuviera preparado para cualquier cosa. Se sentaron en la mesa de la esquina. Nadia pidió un café. Revisó su teléfono, pero no había mensajes de ese número desconocido.
—Vendrá —dijo Kai.
—Lo sé —respondió ella.
—Pareces nerviosa —dijo él.
—Estoy concentrada —dijo ella. Dejó el teléfono. —Hay una diferencia.
Kai la miró de reojo. —Contigo no, Nadia —dijo.
La pu