Reed llegó al apartamento de Margaret a las siete. Vivian ya estaba allí. Estaba sentada en el sofá con una copa de vino. Parecía que llevaba un buen rato esperando y que ya estaba cansada. Levantó la vista cuando Reed entró.
—¿Y bien? —preguntó.
—Buenas noches a ti también —respondió Reed. Se sentó y tomó la copa de vino que Margaret le había ofrecido—. Nadia vino a verme —dijo.
—¿Y? —preguntó Vivian.
—Y me escuchó —dijo Reed. Miró a Vivian—. Es inteligente. No se enfadó ni nada. Simplemente e