Nadia lo había decidido esa mañana.
Iba a contárselo. No porque le debiera nada. No porque el matrimonio hubiera significado lo que ella alguna vez creyó que significaba. Sino porque nadie merecía enterarse por un periodista de que su familia les había estado mintiendo durante treinta y dos años.
Ni siquiera Ethan.
Se sentó junto a la ventana de la cocina con su café, miró al patio y pensó en cómo decírselo. Qué palabras usar. Si llamar primero o simplemente ir.
Tomó su teléfono, abrió su conta