Ethan se quedó un buen rato junto a la ventana después de que Nadia se marchara.
La ciudad abajo seguía su curso: indiferente, implacable, completamente ajena a lo que acababa de ocurrir en aquella cocina. Se quedó allí, mirándola, y escuchó, una y otra vez, tres palabras en una voz despojada de todo excepto de la verdad.
Esa es la parte más triste.
Detrás de él, Vivian permanecía en silencio.
No sabía cuánto tiempo habían estado así: él junto a la ventana, ella en algún lugar detrás de él, la