María apenas había dormido desde la llamada de Bella. Su propia vida se estaba desmoronando, así que pensar con claridad resultaba casi imposible.
El sol ya había salido. Le daba vueltas la cabeza, pero aun así el olor a comida llegó hasta ella. Sabía perfectamente quién estaba cocinando mientras entraba en la cocina.
—¿Qué haces aquí, Adrian? —espetó—. Ah, espera, pregunta estúpida. Esta es tu casa. Debería ser yo la que se vaya para que puedas follarte a tu novio en paz.
Adrian soltó un suspi