Bella dudó. Era una experta en chupar pollas, pero no en la sala de estar.
-Subamos a tu habitación -sugirió.
Lucian se acercó más y extendió la mano. Sus dedos se cerraron alrededor de su garganta con firmeza y rudeza, arrancándole un suave gemido.
-Esta es mi casa -gruñó, con voz baja y autoritaria-. Cada rincón me pertenece. Si quiero follarte el coño aquí mismo, lo haré. He dicho que te arrodilles... y ni se te ocurra objetar.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Bella ante su dominio.
Sus o