En el centro comercial más grande de la ciudad, Bella caminaba unos pasos delante de Lucian, con los ojos recorriendo las infinitas vitrinas. No había ido solo por un teléfono y fórmula; eso era solo el comienzo.
Si él iba a usar su cuerpo cada vez que le apeteciera, ella se aseguraría de que su billetera también lo sintiera... No es que su dinero fuera a acabarse jamás.
-Toma -dijo Lucian, extendiendo una elegante tarjeta negra. Bella la tomó rápidamente, intentando ocultar su emoción.
-Compra