Abajo, Evelyn apresuraba a su hija.
-¡Date prisa, Danielle! Siempre eres tan lenta. A veces me pregunto cómo lograste graduarte con las mejores notas -dijo sacudiendo la cabeza-. ¿Ya empacaste todo?
Danielle soltó un suspiro cansado.
-Sí, mamá. Tengo veintidós años, no quince. No tienes que preguntármelo cien veces. Y si olvido algo, siempre puedo usar las cosas de Bella.
-¿Qué acabas de decir? -la cabeza de Evelyn se giró bruscamente hacia ella-. Repítelo... te reto.
Sus ojos se entrecerraron