Dos meses habían pasado desde que Bella se fue.
Desde entonces, Lucian no había vuelto a poner un pie en la oficina. Trabajaba desde casa cuando podía... cuando no estaba ocupado ahogándose en sus propios pensamientos, maldiciéndose a sí mismo y a todo lo que lo rodeaba. Poco a poco, se estaba desmoronando.
Margaret abrió la puerta de su habitación.
La escena hizo que su pecho se apretara.
El lugar estaba hecho un desastre: botellas vacías esparcidas por el suelo, ropa tirada por todas partes.