Capítulo 9
Entre bastidores, Rika ordenó en silencio a sus guardaespaldas que escoltaran a Aurelia y Clara a casa. Las instrucciones fueron breves y firmes, dadas con un tono que no dejaba lugar a preguntas. En cuestión de minutos, todo se puso en marcha.
"No puedo creerlo", chilló Clara en cuanto salieron del edificio. Su voz resonaba de pura emoción, con las manos apretadas contra el pecho como si temiera que la noche se desvaneciera si lo soltaba. "Parece un sueño".
"Un sueño muy largo, ¿no crees?", respondió Aurelia con calma. Extendió la mano y pellizcó el brazo de Clara, con la fuerza justa para que le doliera.
"¡Ay!", gimió Clara, mirándola fijamente antes de darse cuenta. "Vale, vale. Estoy despierta".
Un hombre alto, vestido completamente de negro, entró en la habitación; su presencia exigía atención sin esfuerzo. Su expresión era neutral, profesional.
En cuanto Clara lo notó, se enderezó instintivamente. “Por aquí, señoritas”, dijo con voz serena. “El coche espera”. Señaló