Al ver la furia en los rostros de la multitud, Osvaldo se estremeció de miedo, sintiendo cómo el sudor frío le empapaba la frente.
En realidad, no era ningún tonto,sabía muy bien que, no podía permitirse alienar a tantos empleados.
Si todos se dirigían a hablar con Mía, seguramente ella no los despediría a todos.
Él, por otro lado, prefería quedarse.
Con una mirada fría, Osvaldo interrogó en ese instante a Xavier: —Xavier, ¿qué relación tienes con Juan para defenderlo de esa manera?
Xavier, c