No se puede negar que las palabras de Juan fueron tanto crueles como agudas.
Renato intentó contenerse un poco, pero estaba a punto de explotar.
En ese momento, Lucía intervino y le dijo a Juan: —Deja de decir tonterías, vamos adentro.
Luego, se dirigió hacia el interior, seguida por Juan.
Renato observó detenidamente la actitud despreocupada de Lucía, sin la menor intención de defenderlo.
Al ver sus espaldas, mostró una mirada maliciosa.
—Voy a hacer que seas mía y que disfrutes conmigo
Lucí