Al salir de la empresa, Elena corrió tras Juan, alcanzándolo con las mejillas ligeramente sonrojadas.
—Juan, de verdad, muchísimas gracias por lo de hoy, — dijo con gran timidez.
Juan, en su estilo despreocupado, respondió con una ligera sonrisa: —No es nada. Si realmente quieres agradecerme, puedes invitarme a comer cuando recibas tu primer sueldo.
Elena se quedó muy sorprendida por un breve momento, reflexionando sobre cómo había sido gracias a la ayuda de Juan que había conseguido entrar en