Al día siguiente, después de que Juan asegurara que los tres descansaran bien en el Jardín Secreto, partió. Además, necesitaba comprar un nuevo teléfono para poder contactar a Beatriz. Después de escoger muy bien uno al azar, llamó a Beatriz. Todavía tenía que completar esa prueba que le había impuesto, ya que solo al hacerlo podría así descubrir más sobre su padre en la familia Fernández.
Tan pronto la llamada se conectó, escuchó la voz serena de Beatriz: —¿Eres Juan?
Juan titubeó varias veces