Jacobo estaba lleno de una gran emoción en ese momento, pero no por el rescate de Juan, sino porque veía a Celia muy segura de sí misma.
El hombre de mediana edad estaba rojo de la ira, y con gran dificultad dijo: —¡El que me mandó es nada menos que el famoso Alberto! ¿Tienes miedo ahora?
Al escuchar estas crudas palabras, la mirada dispersa de Jacobo se volvió repentinamente feroz y emocionada: —¡Así que fue realmente Alberto, el desgraciado quien mandó esto! ¡Se atrevió a enviar gente para ata