El matón tiró con fuerza del cabello de Celia, empujándola con gran violencia hacia el suelo, cubierto de un líquido amarillo.
—¡Maldita sea, límpialo inmediatamente con la lengua!
Celia apretaba con fuerza sus manos de jade, sin atreverse a devolver el golpe, esforzándose aun más por mantener su cabeza alta.
Un matón común no podría igualar la poderosa fuerza de Celia.
Después de forcejear por un largo rato, el matón se enfureció.
Se levantó y con sus zapatos de cuero, pisoteó ferozmente la ca