Juan sintió que, a pesar de la amabilidad en el rostro del anciano, emanaba de él una poderosa presión.
Esta fuerte presión no era como la que sentiría frente a alguien como Herman, una persona adinerada, sino una presencia incomparable.
Solo con sentir la presencia del anciano, Juan supo en ese momento que no era una persona común.
El anciano se sentó junto a Juan y le sonrió con agrado: —Cuando te encuentres con problemas, siempre habrá una solución. No te dejes llevar por pensamientos negativ