María, al escuchar estas crudas palabras, se sintió muy sorprendida.
¿Cómo podía una mujer como ella, en público, confesarle sus sentimientos a un hombre que apenas conocía?
¡Esto era completamente absurdo!
—Rita, en verdad no digas tonterías, — le respondió María.
Viendo que María seguía sintiéndose avergonzada, Rita suspiró. —Eres realmente muy ingenua. Lo lamento, no puedes dejar pasar esta valiosa oportunidad. —. —Si te sientes tímida, déjame ayudarte.
Después de decir esto, Rita se dirigi