Una fila de manchas rojas se disponía de manera irregular en su brazo.
Al ver estas manchas rojas, Carlos sintió que el mundo se desplomaba. Como médico, podía reconocer claramente que eran síntomas de una enfermedad de transmisión sexual.
Por la mañana, cuando se duchó, no había ninguna mancha roja en su brazo. Carlos, como si estuviera enloqueciendo, frotó con fuerza las manchas rojas en su brazo, repitiendo sin cesar: —No puede ser, no puede ser, debe ser falso.
Después de frotar sin éxito, C