¿Agradecerme? Juan observó el sensual cuerpo de Celia, que solo llevaba un provocativo vestido rojo de tirantes.
Debajo del vestido rojo, unas esbeltas piernas blancas como la nieve se exhibían mientras ella estaba sentada en la cama, cada gesto suyo era muy seductor.
Agradecer verbalmente habría sido suficiente, ¿no era demasiado exagerado esto?
Al ver la expresión asombrada de Juan, Celia volvió a sonreír: —¿En qué estás pensando, querida?
—Solo vine a decir gracias—respondió Celia.
Juan est