Después de ingresar al hotel, Celia reservó cuatro habitaciones en la recepción.
Después de un día tan agotador en el automóvil y sin comer, primero buscaron un salón privado para cenar.
Jacobo y Pablo, muy agradecidos con Juan por llevarlos al evento de subastas, no dejaron de brindarle con copas de vino.
Ante la gran generosidad de los dos ancianos, Juan se vio obligado a acompañarlos.
A mitad de la cena, Celia se sintió algo agotada y decidió retirarse a descansar en su habitación.
Antes